La Vida en las Vías

La Vida en las Vías

Me siento y pienso en los senderos a recorrer, luego camino y sigo la senda de la incertidumbre para dejar de buscar. Estoy buscando el no buscar y solo camino para poder seguir transitando los senderos del día.

Veo que el inicio del periplo está cada vez más cerca y sin importar lo que suceda afuera, adentro veo la luz emerger y con ella puedo guiar cada paso que el cuerpo decide dar. Veo que la sombra de los árboles se oscurecerse y se torna azul para finalmente dar paso a una noche más. Pienso que el camino es éste, el de cada paso que se construye en el presente, en cada acción, en cada destello y así cada detalle conforma lo axiomático de la existencia.

A ritmo de una respiración consciente me quedo tranquilo que todo va a estar bien, lo presiento ya que viendo el camino esfumarse en el horizonte me permito pensar en estas vías por las que ya no pasan trenes. Y así, me doy cuenta que hasta las grandes maquinas se esfuman algún día, todo lo material se desvanece en el éter y solo estamos nosotros acá, en el presente.

La existencia misma nos declara un desafío insoslayable que hay que atravesar, no interesa la situación actual sino la forma de acompañar ese estar.
Comprendo finalmente que no puedo sino dejar que el lenguaje adquirido de la experiencia última de ser humano me invada e irrumpa hasta lo más profundo de mis huesos para que luego ocurra un cataclismo interno y profundo en mi esencia que pueda finalmente actualizarme en palabras de consciencia.

Sin embargo, y mientras tanto, solo puedo mirar el camino, respirar el sendero, escuchar el aire y darme cuenta que a pesar de todo hoy puedo ver vida en esas vías.

 

Transitando mi Norte Cordobés

Transitando Mi Norte Cordobés

Transitando mi norte cordobés me veo envuelto en contradicciones internas enraizadas en una profunda consciencia de identidad. Al mismo tiempo me veo reflejado en los sedimentos del suelo, en la sequedad del ambiente y en la profunda y secreta sabiduría de sus habitantes. Al mismo tiempo veo que existen saberes ancestrales a veces cotidianos y otros extraordinarios, oralidad y tradición fijada en senderos aislados por el viento.
En el camino que recorro voy dilucidando los esteros del paisaje árido, de los arroyos escondidos, de las sierras y del mar de sal, y en ese trayecto puedo sentirme parte del paisaje que me envuelve. Al mismo tiempo y al poder pensarme parte, también me despego de la posibilidad de aferrarme para un día poder volver y contextualizar lo enrevesado y bello de una zona todavía escondida, una porción de tierra que sobrevive al tiempo.
En esos rincones se encuentra lo extraordinario, lo bello de lo único, de lo diferente, dicen que hay que atreverse a conocer lo desconocido y para ello hay que moverse, abrirse y vaciarse para luego poder llenarse de lo nuevo.
Hay vestigios de un pasado todavía presente en cicatrices, en miradas y en una historia actualizada en la huella cotidiana.
Camino para descubrir.
Avanzo y veo un horizonte que no termina.

“Concibe sin cesar el mundo como un ser viviente único, que contiene una sola sustancia y un alma única, y cómo todo se refiere a una sola facultad de sentir, la suya, y cómo todo lo hace con un sólo impulso, y cómo todo es responsable solidariamente de todo lo que acontece, y cuál es la trama y contextura”

Atestiguando la Existencia

Atestiguando la Existencia

Hablando con algunos amigos sobre las formas en que se comporta la luz, y cómo la fotografía tiene el poder de capturarla y proyectarla en imágenes, empecé a pensar sobre los mecanismos intrínsecos a la misma y la trascendencia de la práctica.

 Venimos a este mundo a transitar la existencia de alguna forma posible, y en ese sentido los fotógrafos tenemos por un lado, una función y por el otro, una necesidad.

Ambas están ligadas entre sí, por un lado la necesidad encamina a la función creando un estado físico, psíquico, y hasta espiritual por efectuar esta acción.

 Esta práctica tiene que ver con el hecho de salir a este mundo a contar un momento histórico particular de existencia y retratarlo de la manera más honesta posible. Y en ese sentido poder incorporarle significado y sentido a este universo, sintiéndose así, parte de un todo, parte de ese flujo de eventos sucesivos que es la vida.

Entonces, la fotografía genera en el cazador de imágenes un estado de inquietud, forzándolo a uno a salir a las calles de este mundo. Por esto creo que hay algo intrínseco en la genealogía de nuestra constitución humana, es una suerte de predisposición a retratar esa transitoriedad.

A su vez, esa necesidad acarrea una funcionalidad específica, el de ser la herramienta creadora de sentido a través de la mismísima captura, de la técnica de registro. Ahí juega la fotografía con un uso y función específica, juega como medium, es decir, la fotografía funciona como una intención de deseo de existencia, de querer atestiguar el instante a través de capturas irrepetibles.

Creo que venimos a este universo para transitarlo, explorarlo y experimentarlo en todas sus facetas, esto es todo lo que hay y nada más, mas bien vernos presentes en esa unicidad del todo con el todo.

La fotografía sólo viene a acompañar procesos internos nuestros como humanos, nada más. Nos pensemos parte de ese todo en las acciones diarias y veremos la unicidad y la sincronicidad tomar forma en nuestras percepciones cotidianas.

Poco a poco,

paso a paso,

foto a foto.

 

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