Reflexiones Sobre La Diversidad – Caminando Por Kuala Lumpur

Estábamos en Kuala Lumpur, mi amigo y compañero de viaje Kevin había llegado desde Singapur y nos encontrábamos allí para continuar el periplo en dirección norte.
Luego de varios días recorriendo la ciudad más poblada de Malasia estábamos listos para emprender viaje hacia la “capital de la comida callejera”, la isla de Penang.

En esos días en Kuala Lumpur pudimos entre otras cosas apreciar la mixtura cultural que se extiende entre casi dos millones de habitantes de la ciudad y el país. Kuala Lumpur se encuentra en el estado de Selangor, y entre otras cosas es la residencia oficial del rey de Malasia. Me resultó impactante la ciudad desde el primer encuentro, una amalgama por momentos caótica en donde conviven la cultura malaya, china e hindú. Ciudad moderna que bien podría confundirse de noche con un escenario futurista de Blade Runner. A estas alturas el movimiento constante que se vive entre este tipo de ciudades en Asia ya no me sorprendía demasiado, pero me impactó la manifiesta diversidad que se puede apreciar caminando en sus calles.

Me había hospedado en el barrio Chino y allí conocí a Chas, un joven oriundo de la ciudad de Malaca, (Sur de Malasia) fanático del futbol y especialmente orgulloso de su equipo local el Melaka United FC. De manera muy generosa me aconsejó lugares para visitar y un par de noches salimos a comer por el barrio chino con otros amigos. En una de esas noches me contó sobre la presencia de la religión islámica en las decisiones del estado, respaldado por la amplia mayoría musulmana que habita a lo largo y ancho del país. A pesar de la mixtura cultural y religiosa en la ciudad, la predominancia islámica es evidente.

Sin embargo cerca de Kula Lumpur se encuentra uno de los santuarios de la cultura Tamil mas importantes afuera de India, Las Cuevas de Batu, dedicada a Muringan (Señor de la Guerra, hijo de Paravati y Shiva, hermano de Ganesha). Escenarios tan impactantes como este no pueden sino demostrar el complejo entramado histórico que han vivido estas sociedades a lo largo de siglos de historia. Cientos de turistas, viajeros, y fieles de todo el mundo acuden cada año a este lugar impresionante que con escalones teñidos de colores nos indican el camino al santuario custodiado por la inmensa estatua del dios Murugan. Ciertamente una experiencia alucinante, no solo desde un punto de vista arquitectónico sino por la experiencia sensorial del contexto, palomas revoloteando los puestos de comida aledaños, fieles perfumados y exaltados por llegar al templo, turistas y selfies por doquier.

Mi experiencia como viajero siempre está sujeta a una comprensión subjetiva de la experiencia directa con el entorno y con las personas con las que me voy cruzando en el trayecto. Gracias a poder hablar y conocer el otro lado de las vivencias locales es que puedo transmitir los recuerdos de mis pasos por ese camino.  

En este sentido también me dejo llevar por el impacto visual que tiene una ciudad como Kuala Lumpur en donde el orgullo argentino me alborota cuando me enfrento, por primera vez, a las majestuosas Torres Petronas diseñadas por el arquitecto Argentino Cesar Peli, unas Torres Gemelas de 452 metros con una base de estrella islámica, (representación del orden y la armonía). El Impacto visual es increíble desde todos los rincones.


Por otro lado, no puedo obviar imágenes de grandes ratas deambulando por la noche en las calles del centro o la gente durmiendo en algunos bancos de plazas y parques. El Todo conforma esa experiencia de mi paso por el lugar, este me va impactando de diferentes formas, me hace reflexionar y me hace tener no sólo una visión sesgada por el análisis de las partes sino por el conjunto de lo que me voy encontrando.

La complejidad de estos lugares,  el entramado histórico que les conforma, no me hace sino reflexionar sobre la diversidad y la construcción de un ideal de vida basado en estándares occidentales impregnados por la riqueza y pluralidad de diferentes culturas orientales que se entremezclan en una región específica del globo.

Es interesante pensar el cómo se han ido estableciendo y construyendo las sociedades alrededor del mundo a lo largo de los años. Por más diversos que sean los intereses, al fin de cuentas siempre buscando el poder establecerse en un espacio de tierra que los aloje y los albergue. Trabajo, clima, religión, familia son algunas de las variantes que van forjando un sentido de movimiento y, luego, el establecimiento en ciertos rincones del planeta. Es increíble pero esto que sucede en Kuala Lumpur se repite en otras latitudes de manera similar, las grandes metrópolis son testigo de esto.

En estos días que corren creo fundamental pensar y finalmente entender que somos simplemente conglomerados humanos con particularidades y subjetividades diferentes. Como especie estamos predispuestos a forjarnos en varios sentidos de identidad, en base a la capacidad de supervivencia que vayamos teniendo en los diferentes lugares y tiempos históricos que recorremos como raza humana. En este sentido me parece interesante reflexionar sobre estos lugares en donde se amoldan formas de pensar, creer y vivir distintas en las que el ser humano claramente esta sujeto a la forma de identidad con el otro, y en esa conjunción va formando su propia subjetividad individual y colectiva.

Absolutamente todos en esta tierra somos producto de un movimiento que se forjó en algún momento en el tiempo por nuestros ancestros. Y esa capacidad de movernos primero y adaptarnos después nos formó como seres humanos sociales, migrantes, nómades y a la vez sedentarios temporales en la línea de tiempo de la existencia humana. Por otro lado la empatía hacia el otro debió ser parte de ese proceso para un buen entendimiento con los demás y así poder recorrer el sendero de la vida de la manera más afectuosa posible. No hay lugar para la discriminación, la segregación o la construcción de un otro “malo” si en la base del entendimiento está el saberse parte de un todo que nos define en nuestras raíces más profundas. Este entendimiento es fundamental pensarlo como algo que nos afecta y al cual afectamos con nuestras decisiones individuales y colectivas.

Lo bueno de las experiencias viajeras si se les sabe sustraer la esencia a través de su transmisión y reflexión, es que nos permite re pensarnos en lo que somos hoy como individuos y en lo que nos toca vivir en el presente donde sea que nos encontremos. A partir de ahí forjar nuevos sentidos de identidad y comprensión del otro y de uno mismo.

Por la libertad de los pueblos, la justicia de las opresiones y la diversidad como un eje de construcción de la realidad.

«La injusticia en cualquier lugar es una amenaza para la justicia en todas partes. Estamos atrapados en una red ineludible de mutualidad, atados en una única prenda del destino. Lo que afecta a uno directamente, afecta a todos indirectamente” Martin Luther King

Martin Luther King – Carta Abierta desde la Cárcel de Birmingham

Amores Secos

Amores Secos se aferran a mis pies mientras bajo de la moto eléctrica que me traslada por las pagodas de la antigua ciudad de Bagan. Mientras observo la imagen automáticamente me siento transportado a esa tierra lejana.

Vuelo a través del tiempo, voy recorriendo pequeños senderos de tierra entre maizales y hermosas acacias que rodean las miles de pagodas construidas a lo largo de muchos siglos. Sigo en ese trance atemporal y veo, cuál viajero sin rumbo, cómo giro entre energías sospechosas de magia ancestral.

Me despierto a la madrugada, son las cuatro de la mañana, tengo que asegurarme llegar a tiempo a Bagan Viejo para poder observar el amanecer y ver el nacimiento de un nuevo día sobre las pagodas. Me sorprendió ver tantos viajeros despertando temprano con el mismo plan, y con eso en mente todos salimos en nuestras bicis y motocicletas hacia la explanada.

Debo confesar que un día antes de esto ya había recorrido parte de Bagan Viejo, allí pude ver lo esplendoroso y místico del lugar, más de 3500 templos budistas construidos a lo largo de 25 kilómetros cuadrados.

Bagan fue la antigua capital de Birmania desde los años 1044 hasta el año 1287 y fue centro político, económico y cultural del Reino de Pagan. La zona arqueológica nos obliga a reflexionar sobre su antigüedad ya que las estructuras budistas que nos vamos topando datan de entre 800 y 1000 años de antigüedad.
A pesar de que la ciudad sufrió un terremoto, en Agosto de 2016, la mayoría de sus templos se encuentran en buen estado, sin embargo todavía se pueden ver restauraciones de los templos que fueron afectados.

En este primer día me encontré con un pintor que dibujaba paisajes típicos del lugar, como tantos otros. Los pintores deambulan por el lugar en búsqueda de potenciales compradores de sus obras. Me dijo que me podía indicar un buen lugar para ver el amanecer, me ofrecía mostrarme una pagoda escondida a la que podría subirme y ver el sol asomarse a través de las estupas y templos. Accedí entusiasmado, y a cambio me pidió mostrarme sus pinturas, así fue como lo seguí entre matorrales y caminos muy estrechos hasta que llegamos a un gran maizal que no permitía seguir con la moto, frenamos allí y bajamos.

Nos adentramos en un frondoso camino y luego de cruzar la plantación llegamos al pie de una gran estupa. Me señaló la punta de la estructura y me dijo que había que sacarse el calzado para poder subir por respeto y costumbre religiosa, así lo hicimos y nos trepamos a la cima. Me topé con una fantástica panorámica de pagodas entremezcladas con maleza y maizales que dejaban entrever los miles de santuarios en el horizonte. Luego de sacar algunas fotos me llevó a otro templo y me ofreció sus pinturas, encantado compré una bella panorámica de Bagan Viejo y, bajo una estatua de Buda, el pintor agradeció por la buena fortuna, nos saludamos y no nos volvimos a ver.

Con mucha ingenuidad creí haber localizado el lugar para volver al otro día y así poder ver el amanecer, sin embargo si hay algo que es fácil hacer en este lugar es perderse entre templos, y así fue.

Volvemos al día siguiente, yo seguía en mi moto rumbo a Bagan Viejo y antes que amanezca pensaba en cómo llegar a ese rincón escondido entre maizales, en mi mente estaba la certeza de poder encontrar el sendero y llegando a donde suponía estaba el mismo, me perdí. Lo malo de desorientarse en ese momento era que el sol comenzaba a estibar los primeros rayos de sol en el cielo, me perdería el momento. Me encontré desalentado al ver que los rosas de la hora mágica ya teñían cada rincón a mi alrededor pero decidí seguir con la moto introduciéndome por senderos varios hasta encontrar algo que me recordara dónde estaba. Y en el medio de esa búsqueda frenética de repente escuché una bella voz llamándome desde el cielo.

Alguien podría decir que el escenario místico y espiritual ameritaba la posibilidad de escuchar voces celestiales. Sin embargo la voz era de una bella chica que me llamaba desde lo alto de una pagoda, era un grupo de tres mujeres jóvenes y un chico, todos hacían señas indicándome el camino escondido hacia la pagoda. Rápidamente trepé al templo mientras agradecía la buena fortuna y al llegar a la cima me encontré con el grupo, sonreían de ver mi cara de felicidad por haber subido justo a tiempo. La chica que me indicó el camino era española así como el resto de los jóvenes viajeros, por lo que el encuentro siguió en lengua castellana.

Colores ocres, amarillos, rojos y naranjas ya impregnaban el espectacular lienzo, la imagen era impactante, pagodas, templos y estupas se bañaban en cálidos colores y la abundante maleza que todo lo rodeaba comenzaba lentamente a respirar el día entre humo de chimeneas.
Mirando con mi cámara el espectacular amanecer no pude evitar sentir una paz trascendental que invadía mi cuerpo y mi alma, no pude dejar de sacar fotografías mientras agradecía el momento. La quietud y el silencio del espectáculo eran insuperables, sublimes y mientras registraba el momento comencé a divisar una gran forma redonda elevarse en el horizonte. Si, eran globos aerostáticos que justo ese día y gracias al clima podían volar y nosotros verlos elevarse. Estoy convencido de que ese día hubo un vínculo extraordinario, algún tipo de conexión prodigiosa para que todo se diera, para que esa vivencia se materialice y que la experiencia se transformara en historia, en imágenes y palabras.  

Una foto puede tener una o mil historias detrás, puede ser producto de una emoción, un sentimiento, un acontecimiento, un lugar o un encuentro. Una fotografía nos puede transportar a otro tiempo y lugar, puede hacernos ver los vestigios de realidad que sucedieron en otras épocas. Puede hacernos dar cuenta de la importancia del ahora, puede hacernos reflexionar sobre la condición humana y sobre todo sobre la condición de nuestra conciencia más innata.
Creo que si hay aunque sea algunos momentos de estos en nuestras historias, todo puede elevarse, la vida misma, todo lo que somos y nos pasa, como ese amanecer, ese misterioso momento que me regaló un instante perdido en el tiempo.

Las historias se conforman de eso, de los atisbos de realidad que creemos vivir y experimentar, esas señales van conformando una conglomeración de estados mentales y emocionales y ahí es donde creemos residir como personas. Sin embargo lo preciso es ser capaces de actualizar las formas con las que procesamos la vida que somos y todo en el presente porque es lo único que tenemos y tendremos.

Luego de esa mañana continué mi periplo por todos los templos que pude visitar, entré a decenas de pagodas y medité en algunas, nuevamente me perdía entre santuarios pero a pesar de esto pocas veces me sentí tan libre, tan en paz, nunca me había encontrado tanto.

El día se fue sucediendo lenta y mágicamente, luego los rayos de sol escasearon otra vez y así fue como el día se fue.

Al anochecer noté algo, miré hacia abajo y Los Amores Secos ya no estaban en mis pies.