Mirando los potentes rosas de la primavera florecer en viejos lapachos de pueblo el tiempo se detiene para contarme algo al oído. La existencia de la naturaleza me cuenta un secreto ancestral, el secreto de la impermanente eternidad. Me cuenta que como humanos a veces nos pensamos inmortales y eternos en nuestros pensamientos y proyectamos el futuro en situaciones inexistentes y forjamos proyecciones materiales de una falsa identidad. Fabricamos la ilusoria percepción de que somos lo que pensamos de nosotros y que lo que poseemos nos representa como seres.


Sin embargo hoy nos toca coexistir con un simple virus, un organismo más de este vasto universo que nos obliga a refugiarnos en nuestra morada más segura para resguardarnos del inminente peligro. Cual flechazo a la conciencia nos recuerda de que somos impermanentes, nos amenaza con mostrarnos el constante flujo de acontecimientos que se suceden uno detrás del otro y que creemos controlar, que creemos entender. 

Pensemos por un momento en esas flores que durante la primavera florecen y que algunos saben aprecian mas otros dejan pasar. Pensemos en esos seres florecidos momentáneamente y recordemos la concluyente esencia de la vida, de la existencia misma y del curso natural de las cosas. Recordemos que todo es transitorio y que a pesar de la belleza impregnada en hermosos colores veremos un día al viento soplar logrando hacer las cosas cambiar.
Y así el tiempo me recuerda que la naturaleza fluye y que algunos de sus seres se mantienen largo tiempo pero que inclusive en ellos la narración del tiempo actualizará cada uno de los estados en el presente y en cada momento. 

¿Cómo podemos imponer nuestra simple visión humana intentando establecer la idea de permanencia en este universo? ¿Cómo llegamos a pensar de que la historia nos conforma así como el futuro nos moldea a actuar? Pero, ¿Acaso no es nuestra construcción de ideas sobre lo que es la vida lo que nos impulsa a actuar?

Hoy me propongo pensar y observar lo contrario, pensar con las mismas herramientas que determinan mi identidad humana, solo eso, con la finitud del tiempo y la eternidad de la presencia que nos envuelve en cada instante.

La flores seguirán cayendo,
nosotros pasaremos.

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