Inclusive si interpretamos que las formas que nos constituyen se nos presentan de manera fortuita podemos pensar que el giro de las cosas se nos vuelve cada vez más pesado. El devenir de un mundo sin fin, de una situación impredecible que nos convierte en seres impermanentes en estado de consciencia forzada.
Sin embargo se puede dejar que todo fluya en ese devenir, el mar de pensamientos no es más que eso, una corriente constante que cambia y nunca es la misma, el todo nos sucede en la existencia, somos forjadores de la existencia en la misma medida que esta nos forja imperceptiblemente.

¿Somos consientes de la vacuidad del universo? ¿Acaso podemos serlo? Interpretar las interpretaciones del tiempo y el espacio en un constante fluir de acontecimientos acumulativos en el ahora que se nos presenta cómo la única divinidad posible.
¿Cómo acceder a ello? ¿Pensando nuestros pensamientos o dejando que eso que se nos presenta como esencial, profundo y sagrado se desenvuelva en esa corriente de sucesos en el tiempo? Quizás puedo dar una vuelta por este lugar o por cualquier otro y eso puede o no forjar estados contemplativos en mi realidad consciente, pensar en no pensar e intentar ser en estado absoluto.

Hay que accionar sobre ello,

Suenan bongos de fondo en mi corazón que se disuelve entre la montaña y el árido cielo de invierno. Entre ellos existe un horizonte blanco, existencia latente que está ahí desde siempre, su presencia está ahí para que ser subida, está ahí para que la conquistemos con esas pequeñas acciones diarias del espíritu.

Puedo pensar que ese fluir se conforma como pasos que nos mantienen en movimientos imperceptibles, pasos como los que damos para llegar hacia algún lugar, como este que doy hoy.

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